Lo ha vuelto a hacer. Una vez más Rosana ha logrado encender la magia y transportarnos a un mundo acogedor, cercano y personal. Un lugar de reencuentro con la sensibilidad de las historias cotidianas pasadas por el tamiz de una interprete capaz de susurrarnos al oído hasta tocarnos el alma o de levantarnos el estado de ánimo con temas llenos de una incontenible alegría de vivir.
“A las buenas y a las malas” abre con “Llegaremos a tiempo”, el tema que es también el primer single del álbum, si aún puede utilizarse esta terminología en plena era digital. Escuchamos a una Rosana en estado químicamente puro, escalando, poco a poco, en un crescendo capaz de desatarnos cualquier nudo interior.
Toda una filosofía vital en contra de la fatiga y la abulia de esperar con los brazos cruzados. La invulnerabilidad consiste en no rendirse por dentro.
Con canciones así, la verdad es que es más fácil conseguirlo.
“A las buenas y a las malas”
Un disco lleno de sensibilidad, fuerza y optimismo vital
“A las buenas y a las malas” es un ramillete de excelentes temas que, engarzados por ritmos que contrastan entre sí y se complementan a partes iguales, constituyen un himno a la vida, algo que se ha convertido ya en el sello indeleble y propio de una artista que encuentra poesía en los detalles y nos invita a continuar volando aunque las fuerzas no nos acompañen a veces con la intensidad deseada.
Cada una de las 13 canciones que integran este trabajo discográfico presenta facetas múltiples y deslumbrantes en sus acordes. Es imposible no emocionarse con estos disparos directos al corazón que nos hablan de amor y esperanza, de coraje y ternura; hasta convertirse en un bálsamo eficaz e imprescindible para seguir adelante, para aprender el oficio de vivir sin desmayar en la tarea.
Lo que define a los grandes artistas es la posibilidad de identificarlos tras escuchar unas pocas notas. Y eso, justamente, le ocurre a Rosana. Cualquier oyente atento es capaz de asociar sin error los primeros compases de sus temas a un territorio íntimo que hace que nos sintamos como en el interior de una casa ya habitada y disfrutada con anterioridad. Las estancias, cómo no, se han transformado, y las nuevas manos de pintura hacen que el hogar se muestre diferente sin dejar de resultarnos conocido. Hay más fuerza, mucha más, en los elementos binarios que forman el compacto, como si la vida renacida cobrara una nueva dimensión más profunda, más experimentada y, desde luego, más madura.
Resulta curiosa la aparente facilidad con la que Rosana encuentra argumentos para escribir sus canciones y el propio proceso creativo de las mismas. A solas, con su guitarra, bebiendo de una experiencia personal o de una circunstancia contada por alguien, consigue atrapar el misterio y convertirlo en una historia que luego puede cantarle a alguien cercano a través del hilo telefónico, como si dominar la métrica y las notas musicales, fuera la cosa más natural del mundo. Así es y así se muestra en este nuevo disco, sin dobleces ni artificiosidades, a cuerpo limpio, con la presencia cada vez más intensa de su voz, arropada por una producción de lujo y unos músicos que demuestran su categoría indiscutible en cada pasaje de este viaje hacia la esperanza que constituye “A las buenas y a las malas”. Un recorrido con estación término en la armonía, que es, a fin de cuentas, lo más importante y anhelado en la vida.
“A las buenas y a las malas” a la venta el 14 de Abril…
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